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viernes, 27 de enero de 2012

Lejos de aquí IX

Un domingo cualquiera

En la estela del último post sobre los orígenes de la Radio, esta nueva entrega del Lejos de aquí la dedicaré a la radio que montamos en la base para seguir los partidos y las telenovelas. Por lo visto, gracias a RNE, hay emisiones radiofónicas españolas por todo el mundo a frecuencias de HF. Precisamente en la base teníamos alguna antena de HF por ahí, así que decidimos aprovecharla para este fin.

Evidentemente no hay ninguna emisión en la Antártida, pero, como ya os he comentado anteriormente, las frecuencias de HF rebotan en la ionosfera, y había alguna posibilidad de recibir alguna cosa desde América del Sur. Sin ser unos expertos, los ingenieros de la Salle (momento publi) sabemos alguna cosilla sobre antenas y, para maximizar la probabilidad de recepción, propusimos instalar el monopolo sobre una superficie metálica, sin obstáculos alrededor, y con visión directa al norte. Para bien o para mal, solo quedaba un sitio posible, encima de uno de los contenedores de barco que hay como módulos provisionales. Al ser metálico, ofrecía un buen plano de masa y además elevaba la antena de las instalaciones circundantes.

Así pues, un domingo cualquiera, montamos la antena en el lugar indicado. En las imágenes siguientes podéis ver la evolución de la instalación. 




Empezó siendo una idea de tres y la gente se animó al vernos trabajar. Colaboramos casi todos, cada uno en su especialidad. Los escaladores pusieron los vientos, los del taller hicieron los agujeros y acoplaron la antena, los electrónicos proporcionaron el material, los méteos nos daban prisa porqué iba a llover, y yo, yo supervisaba.



Aquí ya estaba casi terminada, tan solo algún canto más para acabar de fijar el tema y listos.



Y, a sorpresa de todos, funcionó. Conectamos y oímos la radio. No perfectamente pero si lo suficiente como par entender lo que se decía. En la Antártida!!! Lamentablemente no dispongo de ninguna foto de la radio, tan solo recuerdo que era una ICOM. Lo que si tengo es la foto final de todos los que hicimos posible este éxito. 



Moraleja? Aquí en España otra cosa no, pero ruido, el que quieras. Hasta en la Antártida nos oyen!

Y van 9 (ya llego!).


martes, 10 de enero de 2012

Lejos de aquí VIII

Las bases

Hoy hará un año que empecé mi periplo hacia la Antártida. Esto merece un post al respecto, qué menos, y aprovecharé para mostraros las diferentes bases que tuve ocasión de visitar. En la Antártida hay cerca de 50 bases, y muchas de ellas operan durante todo el año. A raíz del Tratado Antártico, la actividad en ellas es exclusivamente científica (al menos de día). Podéis ver en el mapa, entre otras, la estación estadounidense Amundsen-Scott, situada prácticamente en el Polo Sur geográfico, y la rusa Vostok y la franco-italiana Concordia, cercanas al Polo Sur geomagnético.



Evidentemente yo solo pude estar en unas pocas, pero en todas ellas fue una gran experiencia. Veámoslas.

BAE Juan Carlos I

Como ya sabéis, en esta base viví prácticamente todo el tiempo que estuve allí. Fue inaugurada en el 1988, gracias a los impulsores Antoni Ballester y Josefina Castellví (podéis leer resumido el cómo y el porqué aquí), y está gestionada por el Ministerio de Educación y Ciencia a través de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Actualmente está en construcción, con lo que aunque en la foto parece una base imponente, ningún módulo es aún habitable. Los iglús donde dormíamos (situados fuera del margen derecho de la imagen) no eran incómodos del todo, aunque alejados de los servicios (son esos módulos blancos de la izquierda). Por la noche te tenías que estar meando mucho para hacer el recorrido en pijama y zapatillas...



BAE Gabriel de Castilla

Afortunadamente pude pasar también un par de días en la otra base antártica española Gabriel de Castilla, situada en la isla de Decepción. Esta isla es un volcán activo con forma de "O" con un único punto de entrada a su interior: los Fuelles de Neptuno.


En la imagen posterior la entrada a la Isla, un paso estrecho que, en el día de mi llegada, se encontraba inmerso en una fina neblina y ligeramente inclinado (yo iba recto).



Al contrario que la Juan Carlos I, ésta es una base militar y está gestionada por el Ejército de Tierra.



Después del aislamiento en la otra base, donde todo lo que teníamos era el correo electrónico y un par de llamadas a la semana, la llegada a esta base fue como volver a la civilización. Aquí tenían Internet y llamadas gratuitas a todas horas gracias a un satélite propio del ejército. Aunque las ventajas son evidentes (podría haber actualizado el blog in situ y diariamente; no, tranquilos, no pasa nada, no lloréis), también hacían perder el encanto del aislamiento en la Antártida. Pero bien, el rendimiento que le sacaban era muy positivo. Abajo tenéis una fotografía de uno de los momentos en que se estableció contacto directo con un colegio de España para explicar las actividades de los militares y científicos en la base (de día).



Y nada, por la noche a dormir (algunos). Como paraban los generadores de energía, había que abrigarse bastante. Estos sacos que nos dejaron aguantaban los 40 bajo 0 (bueno, los aguantas tú, creo). El caso es que no presagiaban una noche muy calentita (así que no me saqué los calcetines).

Como detalle curioso os pongo esta foto de la zona de Fumarolas, cerca de la base, donde el agua de la playa se evapora por la alta temperatura del suelo (si lo tocas quema).

En la misma isla hay también una gran pingüinera que abarca un amplio territorio (hasta donde alcanza la vista). Impresionante si no lo has visto antes.

Base Búlgara San Clemente de Ohrid

En la misma isla de Livingston donde tenemos la Juan Carlos I hay otra base, la búlgara de San Clemente de Ohrid. Contaban en la base que allá por 1988, el mismo año que se inauguró la base española, los búlgaros venían a instalarse justamente en la misma playa, pero se encontraron ésta ya ocupada. Así que se instalaron en el extremo de este glaciar. La parte buena es que pueden ir en moto de nieve a todos lados. La mala es que muchos años no pueden acceder a algunas de las instalaciones porqué están bajo el hielo. Y hace más frío.



Allí tuve el honor de visitar la primera capilla de la Iglesia Ortodoxa en la Antártida, San Juan de Rila, construida en el 2003.


La relación entre búlgaros y españoles es muy buena. Ellos incluso llaman a una de las casas España. Son muy buena gente y el día que fuimos nos trataron con una hospitalidad increíble. No tienen mucho (las casas las construyen ellos mismos y no van sobrados en comida), pero nos dieron de todo para cenar.

Unas copas de rakia casero después de la cena y al final acabamos cantando todos Cielito Lindo. En fin...


Base Antártica Decepción

Esta base argentina estaba al lado de la de Gabriel de Castilla. No llegué a entrar, pero dado que tenía las fotos...


Y van cuatro.

Enlaces:

viernes, 1 de julio de 2011

Lejos de aquí VII

Bichejos y plantejas

A modo de información (o a lo documental de la 2) me gustaría mostraros imágenes sobre la vida animal y vegetal que habita en la isla Livingston (y no, no hay osos polares en el Polo Sur; solo los hay en el Polo Norte, en los zoos, y en la isla de Lost). Aviso de antemano que este post me ha quedado descaradamente a lo álbum de fotos. Bueno, alguna buena debe haber, digo yo...

El 80% de la biomasa terrestre en la Antártida la conforman los pingüinos, unas aves marinas la mar de graciosas (y torpes) cuando se mueven en tierra, pero muy hábiles dentro del mar. Evidentemente no es posible encontrar cualquier especie en la isla. De hecho, las más comunes son los pingüinos Papúa y los pingüinos Barbijo. Los primeros os sonarán por su corte clásico, ataviados siempre en un elegante frac:


Y los segundos toman su nombre por la línea oscura que cruza su cuello y que recuerda al barbijo o barbiquejo de un casco negro:


Una especie más difícil de ver y con un aspecto más cómico, si cabe, son los Macaroni. Estos, a pesar de su aspecto de "perro flauta", controlan la Mafia y el mercado negro de contrabando (y saben hacer surf):


Todos estos bichitos tan simpaticotes suelen reunirse masivamente para hacer botellón y liarla en la plaza mayor. Aquí tenéis, como ejemplo, uno de estos momentos:


Otra ave bastante común, y de la que ya os he hablado anteriormente, es la Escúa. Podéis ver debajo a una de ellas, probablemente segundos antes de su ataque. Hay que reconocer el mérito de éstas para sobrevivir en un lugar como la Antártida. Creo que comen todo lo que pillan, que por allí no suele ser mucho (así que a veces se ven obligadas a comprar en el mercado negro de los Macaroni):


Como animal volador tenemos también al imponente petrel Gigante:


Los pequeños Charranes:


O la gaviota Cocinera (que presentan un programa matutino a lo Eva Arguiñano):


Y pasando ya a los mamíferos marinos (anda que, mamar bajo el mar debe ser peor que beber cerveza caliente), tenemos, por ejemplo, a las perezosas focas Weddell:


Los agresivos y orgullosos Lobos Marinos (éstos te persiguen si les tocas las narices; más de un biólogo se ha llevado algún recuerdo...):


Los enormes e impresionantes Elefantes Marinos, con sus hipnotizantes ojos negros (solo logré fotografiar a las hembras; el macho estaría en el botellón):


Y la más temible de todas, la foca Leopardo. Mientras el resto de especies se alimentan de krill, ésta es la única que lo hace de pingüinos. Suele dejarse ver descansando encima de los hielos desprendidos de los glaciares (para acariciarle el hocico, a que si?):


Para terminar, me gustaría añadir esta foto donde se observa uno de los delfines que nos siguieron en el trayecto de vuelta. Los tuvimos bailando alrededor del casco del barco toda la mañana:


Me quedé con las ganas de ver alguna ballena, cosa que no suele ser muy difícil por ahí, pero no tuve suerte. Otro año será. Todos estos son los animales que yo pude observar. Evidentemente hay algunos más de los que no dispongo ninguna fotografía, por lo que supondremos que no existen. Así pues, estos son TODOS los animales de la isla Livingston :-) Dejaros como detalle curioso que no hay ni un insecto. Es raro en el sentido que, estando en medio de la naturaleza, uno espera encontrarse mosquitos, arañas y esas cosas, pero ahí nada de nada. Es normal, no pueden sobrevivir, pero choca.

Respecto a la flora hay poco más que añadir. Las condiciones extremas del clima impiden su proliferación y únicamente se puede encontrar en formas muy simples, como algas, musgos y líquenes. Tan solo la zona costera septentrional de la Península Antártica y las Antillas del Sur (lo reconozco, lo he mirado en la wikipedia) poseen dos plantas autóctonas: el clavel antártico y el pasto antártico. Puede que me equivoque, pero creo que aquí fotografié un clavel:


Espero haber satisfecho vuestra curiosidad al respecto, ya que no paro de recibir llamadas y correos para que siga con el Lejos de aquí. La gente me para por la calle... , bueno, un follón.

BONUS:

Como me hace bastante gracia, os dejo también este vídeo de un pingüino adulto alimentando una cría. Por esta época (febrero) las crías han crecido ya bastante (algunas son incluso más grandes que los adultos, ya que acumulan mucha grasa), y hasta que no entran en el agua también van algo sucias. A partir del minuto empieza a ser gracioso. Anda que, cría cuervos....



Voy a hacer como bater. Quien quiera ponerles voces que me lo envíe y lo adjunto.

Enlaces:

sábado, 4 de junio de 2011

Lejos de aquí VI

El Motivo

Hoy voy a hablar sobre el motivo de mi viaje a la Antártida. En la base española Juan Carlos I hay un observatorio geomagnético, dirigido por el Observatorio del Ebro, con el objetivo de averiguar si la actividad volcánica de la zona tiene alguna influencia en el campo magnético terrestre. Todos los datos medidos son enviados a Intermagnet, una red donde observatorios de todo el mundo publican sus resultados para elaborar mapas del campo magnético terrestre en tiempo real. Para enviar estos datos desde la Antártida se usan los satélites de telecomunicaciones geoestacionarios de la compañía Inmarsat (que por cierto, acabo de averiguar que sus órbitas están en el cinturón Clarke, bautizado así por el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke). El caso es que las órbitas de estos satélites están situadas siempre sobre el ecuador de la Tierra, y la comunicación desde la Antártida no siempre es posible. Por este motivo la Universidad de la Salle ofreció como alternativa un enlace HF de 12700 km entre la Antártida y el Laboratorio del Ebro, situado en Roquetes (Tarragona).

Y como se puede comunicar uno de esta manera en un enlace tan largo? Pues por lo visto las frecuencias de HF (entre 3 y 30 MHz) rebotan en la Ionosfera, que es la parte de la atmósfera terrestre permanentemente ionizada debido a la fotoionización que provoca la radiación solar. Este hecho implica que la señal enviada no escapa al espacio y, mediante cinco rebotes en la Ionosfera y en la tierra (o mar), ésta recorre la distancia que separa la Antártida del Laboratorio.

Qué problemas hay en todo esto? Pues que esta gran distancia no se recorre impunemente, pues la energía recibida está muy atenuada por el largo recorrido y por los rebotes. Esto implica el uso de modulaciones y codificaciones complejas para poder recuperar íntegramente la señal enviada. En este proyecto se está trabajando desde el 2003, y continuamente se están introduciendo mejoras en los equipos de transmisión. Por este motivo cada año se viaja a la Antártida y se prueban esas mejoras.

Y en eso consistía mi viaje. Aquí me veis un día normal en el despacho, trabajando con el transmisor, que podéis ver bajo mi culo:


La verdad es que costaba un poco escribir, por el frío más que nada, pero las vistas merecían la pena. Aquí podéis ver, por ejemplo, lo que veía yo si levantaba la cabeza:


Y esta última que nos hicimos Raúl y yo cuando conseguimos que todo funcionara perfectamente:


Unos cracks. Otra labor que debíamos hacer era medir a lo largo y ancho de la isla la radiación de nuestra antena, un monopolo, para verificar su correcto funcionamiento. Para ello debíamos trasladarnos a zonas distantes con los equipos de medida, ya fuera con moto de nieve:


En barco o en zodiac:


O, directamente, a pié:


Y una vez en lugar, pues a medir, ya hiciera bueno:


O malo:


Así que mucho tiempo para aburrirme no tenía. Otro día hablamos de la fauna y flora del lugar.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lejos de aquí V


La Antártida

Un pequeño paso para la humanidad. Un gran paso para mí. O eso pensaba yo, pues poca o mucha gente, segun se mire, ha estado por estas tierras antes. Aún así, era la primera vez en la historia de la humanidad, de la Tierra, de la Galaxia, qué digo, hasta del Universo entero (de este, por lo menos, no me meto ya con los Universos Paralelos), en que yo ponía un pie en la Antártida.

Así pues, el 23 de Enero, sobre las 23.30, la zodiac nos dejaba en una playa de piedras y hielo bajo la atenta mirada de los habitantes de la Isla.


En esa playa nos esperaba también el personal de la base antártica Juan Carlos I, la mayoría integrantes de la UTM, y algún que otro científico. Entre éstos últimos, mi compañero y amigo Raul, a quien en unos días iba a tener que substituir. La recepción fue calurosa y pronto abandonamos la playa para acceder a las instalaciones de la base. Ésta está actualmente en proceso de remodelación, por lo que a parte de los españoles, había todo un grupo de chilenos que se encargaban de las obras.

Lo primero que visitamos fueron los dormitorios, tres iglús diseñados para cuatro personas cada uno. La distribución fue heterogénea y a mí me tocó, como no, con los roncadores profesionales. De esos que hacen vibrar las paredes y desenroscan los tornillos, poniendo en peligro así la estructura entera del iglú.


Y ese día poco más. A la mañana siguiente subimos a Pico Radio (que es una montaña situada cerca de la base), y desde allí pudimos obtener una perspectiva completa de la base. Ésta está situada, como veis, en un pequeño valle y cerca de la playa. Está rodeada de picos y, para bien o para mal, en verano hay poca nieve alrededor. No obstante, si se cruzan los picos circundantes, ésta cubre el suelo hasta donde abarca la vista.


En los días sucesivos a nuestra llegada todo fueron nuevas experiencias. Lo mejor de todas ellas, el paisaje y los bichejos. Desde la playa se podía contemplar un enorme glaciar a unos cinco km, que, cuando se dejaba ver, componía una postal impresionante.


Otras veces, el hielo desprendido llegaba a la playa, y nos permitía enfriar alguna que otra copa vespertina.


Los pingüinos los teníamos todos los días de visita, y nos deleitaban con sus cómicos y simpáticos movimientos.


A menudo debía subir también a Pico Radio, pues allí teníamos nuestro equipo de trabajo (y el motivo de mi "excursión" a la Antártida). El camino, sin embargo, estaba plagado de peligros. Durante esa época, las escúas (unos pajarracos considerablemente grandes) estaban poniendo huevos y criando a sus poyuelos. Estas aves son ya de por sí bastante territoriales, pero con las crías se vuelven aún más agresivas. Por este motivo, cuando me veían pasar cerca (y no había más remedio), realizaban un vuelo rasante a pocos centímetros de la cabeza, tirando armas químicas potentes y gritando "¡¡A la carga!!" en escuano.


Otra nueva experiencia, especialmente intensa al principio, fue la convivencia con gente que prácticamente acababa de conocer. Aún así, todo fue más fácil de lo que había pensado al principio, y ya no solo con los españoles, sino también con los chilenos. En este sentido, el primer domingo después de mi llegada, los chilenos prepararon un asado para todos. La carne estaba buenísima y, ya por la tarde, después de unos cuantos "bajativos", jugamos una final intercontinental España contra Chile, con un 10 - 0 a favor.




Y así, poco a poco al principio, y más rápido después, pasó la primera semana en la Antártida. En los días sucesivos llegaron experiencias nuevas y, si cabe, aún más impresionantes. Otro día, hablamos de ello.