Hola Sukarrats,
hoy traigo una selección de vídeos desde la ISS... no, no he subido allí para hacerlos. Eso tendrá que esperar. Los han realizado los astronautas y cosmonautas que están allí con la técnica del TimeLapse que tan famosa se está haciendo. Para los no iniciados se trata de realizar un vídeo formado por imágenes de varios segundos de exposición. Así se pueden captar detalles que en condiciones normales pasan inadvertidos para una cámara fotográfica.
El primero es una espectacular captura del cometa Lovejoy, famoso por haber escapado de un choque con el Sol. Por desgracia sólo se puede ver desde el hemisferio sur... y desde la ISS.
Luego viene un vídeo con música de fondo de PeterGabriel, que corresponde al abandono de la ISS de la Expedición 28, a bordo de una Soyuz. Los otros 4 corresponden al ensamblaje, lanzamiento y llegada de la Expedición 30 con el astronauta de la ESA, André Kuipers. Y el último es una entrevista con un astronauta de la NASA que explica la técnica utilizada, con una CANON 4D, creo.
Es un playlist, así que al acabar uno deberían aparecer el resto. Espero que os gusten. Pillaros unas palomitas, por eso.
Felices Fiestas!
PD: edito, he puesto un nuevo vídeo, el último, en el cual se puede ver la espectacular reentrada del cohete Soyuz que lanzó a la tripulación 30 a la ISS. Toda una bola de fuego.
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martes, 27 de diciembre de 2011
viernes, 1 de julio de 2011
Lejos de aquí VII
Bichejos y plantejas
A modo de información (o a lo documental de la 2) me gustaría mostraros imágenes sobre la vida animal y vegetal que habita en la isla Livingston (y no, no hay osos polares en el Polo Sur; solo los hay en el Polo Norte, en los zoos, y en la isla de Lost). Aviso de antemano que este post me ha quedado descaradamente a lo álbum de fotos. Bueno, alguna buena debe haber, digo yo...
El 80% de la biomasa terrestre en la Antártida la conforman los pingüinos, unas aves marinas la mar de graciosas (y torpes) cuando se mueven en tierra, pero muy hábiles dentro del mar. Evidentemente no es posible encontrar cualquier especie en la isla. De hecho, las más comunes son los pingüinos Papúa y los pingüinos Barbijo. Los primeros os sonarán por su corte clásico, ataviados siempre en un elegante frac:
Y los segundos toman su nombre por la línea oscura que cruza su cuello y que recuerda al barbijo o barbiquejo de un casco negro:
Una especie más difícil de ver y con un aspecto más cómico, si cabe, son los Macaroni. Estos, a pesar de su aspecto de "perro flauta", controlan la Mafia y el mercado negro de contrabando (y saben hacer surf):
Todos estos bichitos tan simpaticotes suelen reunirse masivamente para hacer botellón y liarla en la plaza mayor. Aquí tenéis, como ejemplo, uno de estos momentos:
Otra ave bastante común, y de la que ya os he hablado anteriormente, es la Escúa. Podéis ver debajo a una de ellas, probablemente segundos antes de su ataque. Hay que reconocer el mérito de éstas para sobrevivir en un lugar como la Antártida. Creo que comen todo lo que pillan, que por allí no suele ser mucho (así que a veces se ven obligadas a comprar en el mercado negro de los Macaroni):
Como animal volador tenemos también al imponente petrel Gigante:
Los pequeños Charranes:
O la gaviota Cocinera (que presentan un programa matutino a lo Eva Arguiñano):
Y pasando ya a los mamíferos marinos (anda que, mamar bajo el mar debe ser peor que beber cerveza caliente), tenemos, por ejemplo, a las perezosas focas Weddell:
Los agresivos y orgullosos Lobos Marinos (éstos te persiguen si les tocas las narices; más de un biólogo se ha llevado algún recuerdo...):
Los enormes e impresionantes Elefantes Marinos, con sus hipnotizantes ojos negros (solo logré fotografiar a las hembras; el macho estaría en el botellón):
Y la más temible de todas, la foca Leopardo. Mientras el resto de especies se alimentan de krill, ésta es la única que lo hace de pingüinos. Suele dejarse ver descansando encima de los hielos desprendidos de los glaciares (para acariciarle el hocico, a que si?):
Para terminar, me gustaría añadir esta foto donde se observa uno de los delfines que nos siguieron en el trayecto de vuelta. Los tuvimos bailando alrededor del casco del barco toda la mañana:
Me quedé con las ganas de ver alguna ballena, cosa que no suele ser muy difícil por ahí, pero no tuve suerte. Otro año será. Todos estos son los animales que yo pude observar. Evidentemente hay algunos más de los que no dispongo ninguna fotografía, por lo que supondremos que no existen. Así pues, estos son TODOS los animales de la isla Livingston :-) Dejaros como detalle curioso que no hay ni un insecto. Es raro en el sentido que, estando en medio de la naturaleza, uno espera encontrarse mosquitos, arañas y esas cosas, pero ahí nada de nada. Es normal, no pueden sobrevivir, pero choca.
Respecto a la flora hay poco más que añadir. Las condiciones extremas del clima impiden su proliferación y únicamente se puede encontrar en formas muy simples, como algas, musgos y líquenes. Tan solo la zona costera septentrional de la Península Antártica y las Antillas del Sur (lo reconozco, lo he mirado en la wikipedia) poseen dos plantas autóctonas: el clavel antártico y el pasto antártico. Puede que me equivoque, pero creo que aquí fotografié un clavel:
Espero haber satisfecho vuestra curiosidad al respecto, ya que no paro de recibir llamadas y correos para que siga con el Lejos de aquí. La gente me para por la calle... , bueno, un follón.
BONUS:
Como me hace bastante gracia, os dejo también este vídeo de un pingüino adulto alimentando una cría. Por esta época (febrero) las crías han crecido ya bastante (algunas son incluso más grandes que los adultos, ya que acumulan mucha grasa), y hasta que no entran en el agua también van algo sucias. A partir del minuto empieza a ser gracioso. Anda que, cría cuervos....
Voy a hacer como bater. Quien quiera ponerles voces que me lo envíe y lo adjunto.
Enlaces:
sábado, 4 de junio de 2011
Lejos de aquí VI
El Motivo
Hoy voy a hablar sobre el motivo de mi viaje a la Antártida. En la base española Juan Carlos I hay un observatorio geomagnético, dirigido por el Observatorio del Ebro, con el objetivo de averiguar si la actividad volcánica de la zona tiene alguna influencia en el campo magnético terrestre. Todos los datos medidos son enviados a Intermagnet, una red donde observatorios de todo el mundo publican sus resultados para elaborar mapas del campo magnético terrestre en tiempo real. Para enviar estos datos desde la Antártida se usan los satélites de telecomunicaciones geoestacionarios de la compañía Inmarsat (que por cierto, acabo de averiguar que sus órbitas están en el cinturón Clarke, bautizado así por el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke). El caso es que las órbitas de estos satélites están situadas siempre sobre el ecuador de la Tierra, y la comunicación desde la Antártida no siempre es posible. Por este motivo la Universidad de la Salle ofreció como alternativa un enlace HF de 12700 km entre la Antártida y el Laboratorio del Ebro, situado en Roquetes (Tarragona).
Y como se puede comunicar uno de esta manera en un enlace tan largo? Pues por lo visto las frecuencias de HF (entre 3 y 30 MHz) rebotan en la Ionosfera, que es la parte de la atmósfera terrestre permanentemente ionizada debido a la fotoionización que provoca la radiación solar. Este hecho implica que la señal enviada no escapa al espacio y, mediante cinco rebotes en la Ionosfera y en la tierra (o mar), ésta recorre la distancia que separa la Antártida del Laboratorio.
Qué problemas hay en todo esto? Pues que esta gran distancia no se recorre impunemente, pues la energía recibida está muy atenuada por el largo recorrido y por los rebotes. Esto implica el uso de modulaciones y codificaciones complejas para poder recuperar íntegramente la señal enviada. En este proyecto se está trabajando desde el 2003, y continuamente se están introduciendo mejoras en los equipos de transmisión. Por este motivo cada año se viaja a la Antártida y se prueban esas mejoras.
Y en eso consistía mi viaje. Aquí me veis un día normal en el despacho, trabajando con el transmisor, que podéis ver bajo mi culo:
La verdad es que costaba un poco escribir, por el frío más que nada, pero las vistas merecían la pena. Aquí podéis ver, por ejemplo, lo que veía yo si levantaba la cabeza:
Y esta última que nos hicimos Raúl y yo cuando conseguimos que todo funcionara perfectamente:
Unos cracks. Otra labor que debíamos hacer era medir a lo largo y ancho de la isla la radiación de nuestra antena, un monopolo, para verificar su correcto funcionamiento. Para ello debíamos trasladarnos a zonas distantes con los equipos de medida, ya fuera con moto de nieve:
En barco o en zodiac:
O, directamente, a pié:
Y una vez en lugar, pues a medir, ya hiciera bueno:
O malo:
Así que mucho tiempo para aburrirme no tenía. Otro día hablamos de la fauna y flora del lugar.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Lejos de aquí V
La Antártida
Un pequeño paso para la humanidad. Un gran paso para mí. O eso pensaba yo, pues poca o mucha gente, segun se mire, ha estado por estas tierras antes. Aún así, era la primera vez en la historia de la humanidad, de la Tierra, de la Galaxia, qué digo, hasta del Universo entero (de este, por lo menos, no me meto ya con los Universos Paralelos), en que yo ponía un pie en la Antártida.
Así pues, el 23 de Enero, sobre las 23.30, la zodiac nos dejaba en una playa de piedras y hielo bajo la atenta mirada de los habitantes de la Isla.
Así pues, el 23 de Enero, sobre las 23.30, la zodiac nos dejaba en una playa de piedras y hielo bajo la atenta mirada de los habitantes de la Isla.
En esa playa nos esperaba también el personal de la base antártica Juan Carlos I, la mayoría integrantes de la UTM, y algún que otro científico. Entre éstos últimos, mi compañero y amigo Raul, a quien en unos días iba a tener que substituir. La recepción fue calurosa y pronto abandonamos la playa para acceder a las instalaciones de la base. Ésta está actualmente en proceso de remodelación, por lo que a parte de los españoles, había todo un grupo de chilenos que se encargaban de las obras.
Lo primero que visitamos fueron los dormitorios, tres iglús diseñados para cuatro personas cada uno. La distribución fue heterogénea y a mí me tocó, como no, con los roncadores profesionales. De esos que hacen vibrar las paredes y desenroscan los tornillos, poniendo en peligro así la estructura entera del iglú.
Y ese día poco más. A la mañana siguiente subimos a Pico Radio (que es una montaña situada cerca de la base), y desde allí pudimos obtener una perspectiva completa de la base. Ésta está situada, como veis, en un pequeño valle y cerca de la playa. Está rodeada de picos y, para bien o para mal, en verano hay poca nieve alrededor. No obstante, si se cruzan los picos circundantes, ésta cubre el suelo hasta donde abarca la vista.
En los días sucesivos a nuestra llegada todo fueron nuevas experiencias. Lo mejor de todas ellas, el paisaje y los bichejos. Desde la playa se podía contemplar un enorme glaciar a unos cinco km, que, cuando se dejaba ver, componía una postal impresionante.
Otras veces, el hielo desprendido llegaba a la playa, y nos permitía enfriar alguna que otra copa vespertina.
Los pingüinos los teníamos todos los días de visita, y nos deleitaban con sus cómicos y simpáticos movimientos.
A menudo debía subir también a Pico Radio, pues allí teníamos nuestro equipo de trabajo (y el motivo de mi "excursión" a la Antártida). El camino, sin embargo, estaba plagado de peligros. Durante esa época, las escúas (unos pajarracos considerablemente grandes) estaban poniendo huevos y criando a sus poyuelos. Estas aves son ya de por sí bastante territoriales, pero con las crías se vuelven aún más agresivas. Por este motivo, cuando me veían pasar cerca (y no había más remedio), realizaban un vuelo rasante a pocos centímetros de la cabeza, tirando armas químicas potentes y gritando "¡¡A la carga!!" en escuano.
Otra nueva experiencia, especialmente intensa al principio, fue la convivencia con gente que prácticamente acababa de conocer. Aún así, todo fue más fácil de lo que había pensado al principio, y ya no solo con los españoles, sino también con los chilenos. En este sentido, el primer domingo después de mi llegada, los chilenos prepararon un asado para todos. La carne estaba buenísima y, ya por la tarde, después de unos cuantos "bajativos", jugamos una final intercontinental España contra Chile, con un 10 - 0 a favor.
Y así, poco a poco al principio, y más rápido después, pasó la primera semana en la Antártida. En los días sucesivos llegaron experiencias nuevas y, si cabe, aún más impresionantes. Otro día, hablamos de ello.
domingo, 10 de abril de 2011
Lejos de aquí IV
BIO Las Palmas
Finalmente el conflicto sobre el gas en Punta Arenas se solucionó, al menos por el momento. Entre otras medidas, la subida del precio del gas bajó de un 17% a un 3%. Los de Magallanes parecían muy contentos y lo celebraron por todo lo alto. Toda una lección sobre como luchar para coseguir unos derechos.
Por nuestro lado, el fin de las negociaciones significaba que Las Palmas saldría por fin dirección a la Antártida con todo el cargamento a bordo (incluyéndome a mí). Tan solo nos separaba un pasaje marino conocido como paso Drake o mar de Hoces. Así pues, el 19 de Enero, sobre las 21 de la noche, el barco abandonaba el puerto magallánico:
El buen tiempo y la calma del canal nos permitió hacer una barbacoa en la terraza de popa a la hora de comer. Los miembros de la Armada se mezclaban con los científicos, y el trato con ellos era excepcional. Para la mayoría no era la primera campaña, así que los relatos de viajes anteriores iban surgiendo en cada corrillo. Al contrario que los científicos, los marineros eran mucho más optimistas sobre el tema de los mareos, y profetizaban un Drake con pocos problemas. "Ya, claro".
Mientras, en el puente, el práctico chileno y los oficiales de guardia trazaban la ruta del barco en el canal, usando los dos radares y las cartas de navegación.
Poco a poco cayó la tarde, y pudimos disfrutar de una bonita puesta de sol. Un rato antes habíamos pasado por delante de Ushuaia, y poco después pasaríamos cerca de Puerto Williams.
"Bueno, visto así, esta travesía no va a ser tan mala", o eso pensaba yo por aquel entonces. Sin embargo las cosas iban a cambiar. Esa noche dejamos el canal atrás y nos adentramos en mar abierto. Un ligero meneito sobre las 12 de la noche presagiaba el cambio que íbamos a experimentar durante los tres siguientes días. Óbviamente a partir de aquí ya no dispongo de tantas fotos como de la primera etapa del viaje, pero os puedo resumir lo que pasó. El tercer y cuarto día de viaje fueron unos días duros, con olas de entre 6 y 7 metros, que movían el barco en todas direcciones. El barco llegó a inclinarse unos 42 grados. Para que os hagáis a la idea, con esa inclinación es lo mismo andar por el suelo que por la pared. Gracias a las substancias que llevaba (y que por si acaso, no nombraré por aquí), no llegué a vomitar ningún día, pero tampoco dejaba de estar mareado. De vez en cuando me levantaba de la cama para deambular como un fantasma por el barco. Pocos científicos quedaban en pie, y apenas teníamos ganas de hablar entre nosotros:
- Ei, como va eso?
- Ya ves, por aquí, estucando la pared...
Por mi parte, un poco de fruta para comer y vuelta a la cama. Del único día que tuve algo de ganas de coger la cámara conservo este vídeo:
La madrugada del quinto día (23 de enero) fondeamos en Isla Rey Jorge, del archipélago de las Shetland del Sur (y por lo tanto, ya en la Antártida!), y subieron a bordo unos cuantos españoles y búlgaros que, para bien o para mal, habían podido cruzar el Drake en avión. Esa tarde llegamos a Isla Decepción, cruzamos los Fuelles de Neptuno, y nos introducimos en el cráter del volcán. En la orilla interior hay aposentada una de las bases antárticas españolas, la base militar Gabriel de Castilla (y de la cual os hablaré cuando llegue el momento). Y en ella se quedaron algunos de los científicos del barco.
El final del viaje se acercaba ya. A media tarde zarpamos hacia Isla Livingston, y sobre las 11 de la noche empezamos a divisar la otra base española, la base Juan Carlos I, y mi destino durante las próximas semanas.
En este momento las ganas de pisar la Antártida, después de 5 días en el transatlántico, eran casi insoportables. Atrás quedaban los 12 días de viaje, y delante, un montón de cosas por conocer y lugares que recorrer. Pero claro, eso será ya en otro post.
Enlaces:
Lejos de aquí IX
Lejos de aquí VIII
Lejos de aquí VII
jueves, 25 de febrero de 2010
dIAS dE sURF
Surf lo que se dice surf hubo poco, el justo. Supongo que la vida de un surfero en Badalona no es la ideal , horas en el agua esperando la ola perfecta que no acaba de llegar. Un amigo fue a hacer surf el viernes y aproveché para acribillarlo con mi cámara OLYMPUS. No logré ninguna foto buena cuando cogió alguna ola, pero esta me gustó en especial por la composición.
DATOS: cámara OLYMPUS OM-1n, objetivo zuiko om 150mm f/4. No apunté ni la apertura ni el tiempo. Película: KODAK Tri-X 400 B&W.
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