martes, 10 de enero de 2012

Lejos de aquí VIII

Las bases

Hoy hará un año que empecé mi periplo hacia la Antártida. Esto merece un post al respecto, qué menos, y aprovecharé para mostraros las diferentes bases que tuve ocasión de visitar. En la Antártida hay cerca de 50 bases, y muchas de ellas operan durante todo el año. A raíz del Tratado Antártico, la actividad en ellas es exclusivamente científica (al menos de día). Podéis ver en el mapa, entre otras, la estación estadounidense Amundsen-Scott, situada prácticamente en el Polo Sur geográfico, y la rusa Vostok y la franco-italiana Concordia, cercanas al Polo Sur geomagnético.



Evidentemente yo solo pude estar en unas pocas, pero en todas ellas fue una gran experiencia. Veámoslas.

BAE Juan Carlos I

Como ya sabéis, en esta base viví prácticamente todo el tiempo que estuve allí. Fue inaugurada en el 1988, gracias a los impulsores Antoni Ballester y Josefina Castellví (podéis leer resumido el cómo y el porqué aquí), y está gestionada por el Ministerio de Educación y Ciencia a través de la Unidad de Tecnología Marina del CSIC. Actualmente está en construcción, con lo que aunque en la foto parece una base imponente, ningún módulo es aún habitable. Los iglús donde dormíamos (situados fuera del margen derecho de la imagen) no eran incómodos del todo, aunque alejados de los servicios (son esos módulos blancos de la izquierda). Por la noche te tenías que estar meando mucho para hacer el recorrido en pijama y zapatillas...


BAE Gabriel de Castilla

Afortunadamente pude pasar también un par de días en la otra base antártica española Gabriel de Castilla, situada en la isla de Decepción. Esta isla es un volcán activo con forma de "O" con un único punto de entrada a su interior: los Fuelles de Neptuno.


En la imagen posterior la entrada a la Isla, un paso estrecho que, en el día de mi llegada, se encontraba inmerso en una fina neblina y ligeramente inclinado (yo iba recto).



Al contrario que la Juan Carlos I, ésta es una base militar y está gestionada por el Ejército de Tierra.



Después del aislamiento en la otra base, donde todo lo que teníamos era el correo electrónico y un par de llamadas a la semana, la llegada a esta base fue como volver a la civilización. Aquí tenían Internet y llamadas gratuitas a todas horas gracias a un satélite propio del ejército. Aunque las ventajas son evidentes (podría haber actualizado el blog in situ y diariamente; no, tranquilos, no pasa nada, no lloréis), también hacían perder el encanto del aislamiento en la Antártida. Pero bien, el rendimiento que le sacaban era muy positivo. Abajo tenéis una fotografía de uno de los momentos en que se estableció contacto directo con un colegio de España para explicar las actividades de los militares y científicos en la base (de día).



Y nada, por la noche a dormir (algunos). Como paraban los generadores de energía, había que abrigarse bastante. Estos sacos que nos dejaron aguantaban los 40 bajo 0 (bueno, los aguantas tú, creo). El caso es que no presagiaban una noche muy calentita (así que no me saqué los calcetines).

Como detalle curioso os pongo esta foto de la zona de Fumarolas, cerca de la base, donde el agua de la playa se evapora por la alta temperatura del suelo (si lo tocas quema).

En la misma isla hay también una gran pingüinera que abarca un amplio territorio (hasta donde alcanza la vista). Impresionante si no lo has visto antes.

Base Búlgara San Clemente de Ohrid

En la misma isla de Livingston donde tenemos la Juan Carlos I hay otra base, la búlgara de San Clemente de Ohrid. Contaban en la base que allá por 1988, el mismo año que se inauguró la base española, los búlgaros venían a instalarse justamente en la misma playa, pero se encontraron ésta ya ocupada. Así que se instalaron en el extremo de este glaciar. La parte buena es que pueden ir en moto de nieve a todos lados. La mala es que muchos años no pueden acceder a algunas de las instalaciones porqué están bajo el hielo. Y hace más frío.



Allí tuve el honor de visitar la primera capilla de la Iglesia Ortodoxa en la Antártida, San Juan de Rila, construida en el 2003.


La relación entre búlgaros y españoles es muy buena. Ellos incluso llaman a una de las casas España. Son muy buena gente y el día que fuimos nos trataron con una hospitalidad increíble. No tienen mucho (las casas las construyen ellos mismos y no van sobrados en comida), pero nos dieron de todo para cenar.

Unas copas de rakia casero después de la cena y al final acabamos cantando todos Cielito Lindo. En fin...


Base Antártica Decepción

Esta base argentina estaba al lado de la de Gabriel de Castilla. No llegué a entrar, pero dado que tenía las fotos...


Y van cuatro.

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2 comentarios:

JJ dijo...

Muy buena entrada, como todos los de esta saga...
La parte buena es que como te quedan unos cuantos de esta entrega, te ayudarán a conseguir tu propósito!
La gesta estaría en incluso superar la marca que te has puesto.

PPi dijo...

Ya que has puesto la base argentina... cómo es eso de que los argentinos piensan que la Antártida o parte es suya? Técnicamente, por ejemplo, la base española está en suelo español o el resto de países no consideran que el suelo de la Antártida no es de nadie. Me quedo con la actitud de los búlgaros.