martes, 6 de marzo de 2007

Feneciendo por el bien común

¿Quién no ha pensado alguna vez que algunos sujetos o especímenes humanos deberían ser introducidos en piscinas de formol para que se conserven y puedan ser estudiados por la ciencia en el futuro? Por su grado de estupidez, me refiero. Siempre hay individuos excepcionalmente obtusos, pero la prueba del nueve de la idiotez es, sin duda, la forma que escoge cada cual para dejar este mundo.

Para hacer una mención especial de todos aquellos que finiquitaron su experiencia vital de forma absurda se crearon los Darwin Awards. ¿Por qué premiar a alguien por su forma de morir? Fácil: siguiendo las tesis de Darwin sobre la evolución de las especies, que alguien muera de forma absurda es bueno para la humanidad ya que el conjunto se deshace de esos genes defectuosos que impulsaron al insensato a clavar un clavo a golpes de granada, a hacer el indio con un avión a 10km de altura sólo 'por probarlo' o a auto-acuchillarse para acusar al vecino y morir mientras se llama a la policía para denunciarlo.

Todos los casos que participan a los Darwin Awards tienen que cumplir con las sivguientes condiciones:
  • Reproducción: el insensato debe morir o quedar estéril para que sus genes no se transmitan.
  • Excelencia: el candidato debe sufrir un lapsus que le impida razonar correctamente.
  • Auto-selección: el candidato debe ser la causa de su propia tragedia.
  • Madurez: el candidato debe disponer de uso de razón (no deben ser niños/abuelos aunque evolutivamente fuese deseable deshacerse del material genético defectuoso antes de que se reproduzca).
  • Veracidad: los casos deben ser 'contrastables'
Como muestra, aquí os dejo algunos enlaces a las muertes más ridículas que he leído: Justa de listos, inundaciones localizadas, pescador pescado y maniático de la limpieza